miércoles, 27 de abril de 2011

Rosas y gardenias

Superada la resaca de Sant Jordi, en la que tuve la inmensa suerte de charlar y dedicar libros a un montón de lectores (¡gracias!), y mientras preparamos la Feria del Libro de Madrid, llegó el momento de retomar nuestro curso de gramática del amor.
El siguiente libro de la lista –ya no nos queda casi nada- es El amor en los tiempos del cólera, uno de los textos más bellos y redondos que ha escrito Gabriel García Márquez.
Cuando Irene lo lee autor se siente transportada muy lejos de Cornualles. Tanto se abstrae en la lectura que la lluvia fina y helada que cae esa tarde en Saint Roberts, el internado donde estudia, parece transformarse ante sus ojos en una tempestad tropical, con los ruidos y los olores sensuales de un lugar exótico. Estas líneas de La gramática las escribí como un guiño a la novela de García Márquez, llena, por cierto, de olores y sabores intensos como el de las gardenias o el de las almendras amargas.



Os dejo un fragmento que describe un episodio extraño y genial protagonizado por Florentino Ariza en pleno desvarío amoroso por Fermina Daza, su “diosa coronada”:
Fue esa la época en que cedió a las ansias de comerse las gardenias que Tránsito Ariza cultivaba en los canteros del patio, y de ese modo conoció el sabor de Fermina Daza. Fue también la época en que encontró por casualidad en un baúl de su madre un frasco de un litro del Agua de Colonia que vendían de contrabando los marineros de la Hamburg American Line y no resistió la tentación de probarla para buscar otros sabores de la mujer amada. Siguió bebiendo del frasco hasta el amanecer, emborrachándose de Fermina Daza con tragos abrasivos, primero en las fondas del puerto y después absorto en el mar desde las escolleras donde hacían amores de consolación los enamorados sin techo, hasta que sucumbió a la inconsciencia. Tránsito Ariza, que lo había esperado hasta las seis de la mañana con el alma en un hilo, lo buscó en los escondites menos pensados, y poco después del mediodía lo encontró revolcándose en un charco de vómitos fragantes en un recodo de la bahía donde iban a recalar los ahogados.

La madre de una lectora con la que charlé el otro día –ella era demasiado tímida para acercarse a la mesa donde estaba firmando- me dijo que su hija de 13 años había comprado las 7 novelas que Irene lee en su curso de gramática del amor. Me hizo una ilusión tremenda saberlo porque no puedo imaginar mejor recompensa al trabajo de escribir que lograr contagiar mi pasión por los libros a otras personas.
Espero que alguno de vosotros se anime con esta obra maravillosa de García Márquez. Si lo hacéis y os apetece ponerle banda sonora a vuestra lectura, aquí tenéis un tema de la cantante inglesa Martina Topley-Bird que habla del mismo sentimiento de Florentino: cuando amamos todo lo demás es accesorio, excepto la persona amada.

4 comentarios:

  1. Tengo muchos libros de G.Marquez en mi poder, y aún sin leer, cuando termine con todos los que tengo acumulados, lo leeré...
    Gracias por la canción, y bienvenida a tus clases de gramática del amor, y música siempre desconocida para mí ;-)

    Un abrazo gigante,

    Rebeca.

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  2. Creo que voy a leer (y releer) todos los libros de la gramática.

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  3. Rocío, en mi blog hago una pregunta que quizá tú puedes responder :)

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