lunes, 21 de marzo de 2011

Pajarillos perfectos

Me encanta la primavera. En cuanto mis sentidos empiezan a detectar que los días se alargan y las temperaturas se suavizan, se apodera de mí una alegría absurda que ni las alergias ni las hormonas alteradas pueden apagar. Cuando era una niña me bebía la estación con avidez, con la impaciencia de quien engulle un aperitivo sabroso pero necesariamente breve a la espera de que llegue el plato fuerte: el verano. Pero desde hace algunos años he aprendido a amar las estaciones "de transición", especialmente esta.

Primavera es también la estación del amor, el contexto en el que se cuecen los sentimientos exaltados de miles de romances posibles e imposibles. Los cuespos y los sentimientos que han estado dulcemente aletargados durante el largo invierno ahora brotan con fuerza o reverdecen, animados por el sol y las brisas amables. ¿Quién no se ha enamorado alguna vez en primavera?

Si os apetece imbuiros del espíritu romántico típico de estas fechas os animo a que leáis o releáis Al sur de la frontera, al oeste del sol, de Haruki Murakami, una novela que nos habla del primer amor, de la adolescencia y de las cosas que dejamos atrás al hacernos mayores. En el libro hay unas líneas que he citado dentro de La gramática del amor y que espero que os sirvan de inspiración para estrenar la semana y la estación que empieza hoy:


«Me tomó de la mano una sola vez. Fue un día que me llevaba a algún sitio, y el gesto decía: «Rápido, es por aquí». Nuestras manos permanecieron unidas como mucho diez segundos, pero a mí me parecieron treinta minutos. Y cuando me soltó, deseé que el contacto no se hubiera interrumpido. Yo sabía, sabía que ella me había cogido la mano de una manera espontánea, pero que, en realidad, lo había hecho porque deseaba hacerlo. Aún hoy recuerdo el tacto de su mano aquel día. Es un tacto diferente a cualquier otro que haya experimentado después. Es simplemente la mano pequeña y cálida de una niña de doce años. Pero en aquellos cinco dedos y en aquella palma se concentraban, como en un catálogo, todas las cosas que yo quería saber, todas las cosas que tenía que saber. Y ella, al tomarme de la mano, me las enseñó. Me enseñó que en el mundo real existía un lugar como aquél. Durante diez segundos tuve la sensación de haberme convertido en un pajarillo perfecto. Surcaba el aire, sentía el viento. Desde las alturas, podía ver paisajes lejanos. Tan remotos que no era capaz de vislumbrar con claridad lo que había. Pero supe que existían. Y que algún día iba a visitarlos. Esa certeza me dejó sin aliento, me hizo estremecer.»

Bienvenida de nuevo, primavera.

2 comentarios:

  1. Querida Rocío, sigo tu consejo de vivir mi felicidad, ;-)

    Precioso el fragmento, lo que puede provocar en un corazón, un simple apretón de manos...es maravilloso sentir en un simple roce, que esa mano nos hace fuertes e invencibles...
    Si se tiene la suerte de encontrarla, más nos vale no soltarla nunca, porque si no, no llegaremos a ser lo que podemos ser con su amparo...ni sentir lo que sentimos al estrechar su mano con la nuestra...

    Vaya chapa sentimental que te acabo de soltar...xD

    P.D: Este Sábado, encontré en la sección de libros de un Eroski, un libro de Haruki Murakami, quizá con suerte encuentre este, pero primero en la lista, están varios de Francesc, con Alex Rovira...
    Pero le tengo apuntado en la lista de los que tengo que comprar si o SI!!!
    Tengo que saber más de ese primer amor...;-)

    Un abrazo fuerte, y feliz semana!

    Rebeca.

    ResponderEliminar
  2. Querida Rebeca,

    Este libro de Murakami es una lectura perfecta para iniciarse con este escritor, ya me contarás cuando tengas tiempo de leerlo.
    Un abrazo primaveral :)

    ResponderEliminar