viernes, 25 de febrero de 2011

Las orejas de Karenin

En los próximos días me propongo hacer un repaso de las siete novelas que aparecen en La gramática del amor. Empezaré con Ana Karenina, una de mis favoritas. Los que estuvisteis en la presentación del libro ya me oísteis hablar del pasaje que reproduzco a continuación, pero es que es que me parece una manera magistral de explicar cómo el amor nos cambia por completo la perspectiva.

En cuanto se detuvo el tren y se apeó Ana , el primer rostro que vio en San Petesburgo fue el de su marido. "¡Dios mío! ¿Por qué de le habrán puesto así las orejas?", pensó, mirando su arrogante y fría figura, y sobre todo los cartílagos de sus orejas, que ahora le llamaban la atención, en los que se sostenían las alas del sombrero. Al verla, se dirigió a su encuentro con su habitual sonrisa irónica, mirándola con sus grandes ojos cansados. Una sensación desagradable oprimió el corazón de Ana cuando se encontró con la mirada tenaz y cansada de su marido. Era como si esperara verlo distinto. Lo que más la sorprendió fue la sensación de descontento de sí misma que experimentó al encontrarse con él. Era una sensación  familiar, conocida, semejante a la hipocresía, que experimentaba al tratar con su marido; antes no se daba cuenta de ello; en cambio, ahora lo reconocía clara y dolorosamente.

Ana está casada con Karenin, el de las orejas raras. Pero acaba de conocer al conde Vronsky, de quien se ha enamorado sin remedio. A pesar de que trata de poner tierra de por medio y perderlo de vista, sus sentimientos la persiguen allá donde se encuentre. El primer topetazo con la realidad lo recibe al reencontrarse con su marido. Es como si toda su vida hubiera sido una mujer miope y de repente se colocara  gafas y comprobara que los contornos del mundo, hasta ahora borrosos, se le presentan por fin con total nitidez. Su marido tiene unas orejas raras, cartilaginosas, que además sirven para sostenerle el sombrero, y él -y sus orejas- la miran como de costumbre. En cambio, Ana lo contempla como si lo viera por primera vez, con ese extrañamiento que proviene de la nueva pasión que empieza a poseerla.

La novela de Tolstoi está llena de momentos deslumbrantes como este. ¿Os animáis a compartir vuestros favoritos? Los que no la hayáis leído, mientras encontráis la ocasión, podéis contarme una experiencia parecida. ¿Alguna vez habéis sentido que el mundo era distinto sólo porque estabais enamorados?

3 comentarios:

  1. Se te echaba de menos!!entre vuestra propia vida, el cabaret pálido, el THE GHOST OF TOMORROW...tenéis que estar super estresados no??

    No he leido el libro, pero lo tengo apuntado, en la lista de libros que deseo tener!!

    Mi experencia, de momento no pertenece a ningún libro, quizá algún día logre formar parte de mi propia novela...

    Simplemente, es algo sencillo, yo al menos lo siento así...

    Sé, y he sentido que el mundo es distinto al estar enamorada, pero me quedo con esta visión de mi mundo, porque la que tenía de la vida, cuando no estaba con mi pareja, era demasiado deprimente...
    Todo eran días grises, sin luz, noches oscuras, sin estrellas, no había rayos del sol, ni sonrisas imperecederas...
    Sólo tristeza y melancolía, recuerdos dolorosos, penas en el alma, y un montón de lágrimas deslizándose por mi rostro...

    Ahora soy feliz, y sé que es por él, por como es, y por como me hace ser a mí...
    Asi que prefiero mi vida asi!!;-)

    Quien ha sido feliz estando enamorado, y sin estarlo, puede estar contento, tiene más opciones, yo no tengo ni quiero otra opción que no sea mi vida tal cual está ahora!! :-)

    Un abrazo muy grande Rocío!!!

    Rebeca.

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  2. Qué alegría volverte a encontrar en el blog, Rocío! Me ha gustado mucho revisitar de tu mano ese pasaje de Ana Karenina.
    Un beso ruso desde Oporto, donde he venido a pasear con dos viejos amigos.

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  3. Rebeca, hola :) Síii, empezamos a estar estresaditos, pero eso no es nada para lo que se nos viene. Pero la verdad, que todo el estrés sea por cosas como estas. en referencia a tu comentario: eres una mujer afortunada, pues, si has encontrado lo que necesitabas para despertar.
    Nikosia, a pasarlo bien en Oporto. Besos a los dos!

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